May 12, 2010
Angel Barbero

¿Merecemos una nueva consultoría?

 

Modelos     Hace ya una eternidad, tuve la oportunidad de escribir para “La Gaceta de los Negocios” una columna en la que me cuestionaba la situación de las grandes consultoras y su modelo. Corrían malos tiempos, como los que vivimos ahora, y yo, iluso de mí, pensaba que aprenderíamos de los errores y forjaríamos una propuesta renovada de consultoría.
Sólo al final del artículo pondré la fecha en la que está escrito, como juego. Os propongo que intentéis adivinarla, en base al escenario que presento en el texto y las conclusiones. El título era “El nuevo modelo de consultor”.
“Si miramos atrás en el tiempo, en el mundo de la consultoría podemos ver lo que hemos perdido y no volverá. A algunos les invade una profunda desazón, pero todos debemos tener la esperanza que todo lo que ha pasado ha sido para bien.
Los restos que encontramos en ese campo de batalla son espantosos: sólo en España, más del 80% de las 15 primeras firmas consultoras han atravesado reestructuraciones de empleo. Cerca del 60% ha sido comprada, absorbida o ha sufrido una fusión o una segregación. Sin contar las que han desaparecido.
La crisis económica se ha unido a la caída de la confianza de los clientes tras los variados fraudes y escándalos surgidos. La disminución de los grandes proyectos ha sido radical. Antes era un fracasado el que no realizaba operaciones de 10 millones de euros, y ahora llegar al millón es todo un logro. En algunos sectores como en banca la caída de esa inversión ha sido de más de un 30%, tras los grandes dispendios pasados.
Pero todo esto, más allá de los números, los porcentajes y los grandes nombres, debe ayudarnos a reflexionar sobre algunos aspectos casi filosóficos de la consultoría. Este descenso no es sólo consecuencia de la contracción del mercado, sino que debe buscarse también un motivo mucho más importante: la muerte del modelo de consultoría mantenido durante las últimas décadas.
El descenso en inversiones tecnológicas, por ejemplo, ha destapado algunos problemas de base en la consultoría tradicional. Uno de los más importantes ha resultado ser el modo en que los pesados costes estructurales se trasladan al cliente.
Esto se ha unido a los movimientos del sector, que han impulsado la fuga del talento interno en apresurados despidos, una pérdida de la experiencia de determinados mercados y tecnologías, desaparición del conocimiento de los clientes existentes y proyectos hechos, etc.
Pero si desde nuestra atalaya oteamos el horizonte, nos encontramos con que las mismas empresas de siempre nos siguen esperando. En ellas la crisis no sólo no ha disminuido sus necesidades de ayuda, sino que las ha agudizado: deben mejorar aún más sus procesos, necesitan flexibilidad, mayor ahorro de costes, tienen que adaptarse a estructuras más complejas y distribuidas, entre otros muchos casos. Y para ello necesitan consultoras que se impliquen más aún en los resultados, con estructuras de costes más flexibles y ligeras, y que les ayuden a alcanzar un retorno de la inversión más rápido que nunca.
Un ejemplo de esto es la necesidad creciente por parte de muchas empresas de hacer outsourcing de sus sistemas, y de algunos procesos de negocio. Es en ese área donde los analistas están más de acuerdo en que habrá movimientos en los próximos años, y ya muchas consultoras están creando o reforzando departamentos específicos. Pero lo que muchos no entienden es que para moverse en este sentido, el compromiso con el cliente y la compartición del riesgo son vitales, algo para lo que no se está aún preparado. De hecho el tamaño y la estructura de costes de los grandes mastodontes consultores es un lastre a la hora de adaptar sus servicios a esas nuevas necesidades planteadas. La prueba de ello es el hasta ahora fallido intento de creación de iniciativas conjuntas entre fabricantes e integradores para configurar ofertas orientadas a las PYME.
Por otro lado, y como resultado de la brutal explosión de la tan manida burbuja tecnológica, nos encontramos con PYME que han hecho de la excelencia tecnológica su luz y su guía, pero que no han sabido entender el componente de negocio y estrategia de sus clientes.
¿Cómo solucionar este vacío repentino entre las consultoras y sus clientes? Es evidente que se necesita ofrecer un nuevo modelo de consultor, con una importante base tecnológica, pero sobre todo lo suficientemente flexible para alcanzar un compromiso real y un riesgo compartido con sus clientes y sus objetivos. Un modelo en el que los problemas reales no se solucionen a base de músculo consultor, hordas de junior y kilos de papel, sino experiencia, orientación a resultados y compartición del riesgo. Y una sólida visión de negocio.”
Pues bien, este artículo apareció en La Gaceta de los Negocios del 4 de julio de 2003, o lo que es lo mismo, hace casi 7 años.

Tras este tiempo, las cosas no han cambiado mucho, a pesar de mis vaticinios, y en esta nueva crisis que nos toca vivir las consultoras vuelven a soltar lastre con despidos masivos y ajustes de coste, cuando lo que deberían estar haciendo es sentar las bases de un nuevo modelo de consultoría de empresa, que sigue sin llegar.

 

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