May 12, 2010
Angel Barbero

Hacia la madurez de la empresa española

Los amigos de Gurusblog.com me han invitado a escribir un post para su blog, lo cual he hecho con mucha ilusión. Es probablemente uno de los primeros que quiero escribir haciendo un análisis más o menos amplio de la situación de las empresas españolas en lo que respecta a innovación y madurez tecnológica. A continuación sigue el contenido del texto publicado en Gurusblog.com.

 

“La situación que se está viviendo en la CEOE en la actualidad, y que no creo que sea necesario repetir aquí, junto con muchos indicadores de productividad y competitividad de la empresa española, nos deben hacer reflexionar en profundidad sobre el deterioro que el tejido empresarial español ha sufrido en los últimos años.

Durante mucho tiempo los indicadores económicos de país nos han sido enormemente favorables, y han hecho que nos acomodemos enormemente y nos confiemos en demasía. Tampoco me detendré mucho sobre los detalles en los que este modelo económico se sustentaba, pero cabe recordar que entre otros se centraban en la especulación inmobiliaria y las ayudas europeas (y la acción pública resultante). Es cierto que en España otro de los grandes motores ha sido el financiero, pero como ha quedado en evidencia en época de vacas flacas, lejos de ser una ayuda se ha revelado un problema, pues el exceso ha hecho a los bancos ser tan sumamente ineficientes que ahora no son capaces de gestionar de forma objetiva la situación.

En todo caso, y por los motivos que sea, han transcurrido muchos años en los cuales la empresa española no ha evolucionado, no ha madurado en muchos aspectos, perdiendo competitividad y capacidad de reacción. Llegamos al 2010 con una empresa española anclada aún en modelos de gestión de hace 20 años, con unas capacidades comerciales y operativas limitadas y, lo que es peor, con gestores sin formación empresarial, que han esculpido su empresa a golpe de riñón y empujones.

Para ser más concreto, pocas empresas en la actualidad tienen una mínima formación en gestión financiera y operativa, en técnicas comerciales, en gestión de la producción, por poner algunos ejemplos. Ni hablar de gestión estratégica, tecnología e innovación. Es sorprendente cuántas empresas funcionan aún con el saldo de la cuenta bancaria como único dato de gestión.

Y muchos os preguntaréis: ¿Y todos esos programas de formación y mejora tecnológica de la empresa? La respuesta es clara: En el mayor número de implantaciones de aplicaciones de gestión en las que he participado (y son ya algunas), el empresario y su equipo no tenía capacidad ninguna para aprovechar más del 5-10% de la aplicación. En definitiva, durante años se ha estado regalando cañas de pescar a quien no sabía ni siquiera qué es una trucha.

Por otro lado, es cierto que se ha invertido mucho dinero en el fomento del emprendimiento y la creación de empresas. Más allá del análisis de cómo se ha gestionado esa inversión, que no es objeto de este artículo, es cuanto menos curioso, teniendo en cuenta que el tiempo medio de creación de una empresa en España sigue rondando los 40 días. Además, una vez creada la empresa, no hay programas de seguimiento y acompañamiento empresarial, en los que personas con experiencia ayuden a los nuevos empresarios a consolidar la empresa recién creada.

Aunque cambiar todo esto exigiría un gran consenso impensable ahora mismo, creo que es importante al menos tener claro qué puntos se deben trabajar por parte de las administraciones estatales y locales para modificar esta peligrosa tendencia. En mi opinión, al menos los siguientes puntos son necesarios:

 

  • Inversión en formación: como es evidente, el primer punto es darle un buen repaso al modelo formativo (inexistente) a la empresa. Se debe asumir como un paso más dentro de la formación reglada, y es tanto o más importante como ella. Desde el modelo de promoción y acceso de las empresas a la formación, hasta los propios contenidos, se debe componer una propuesta que permita a las empresas actualizar sus conocimientos a un nivel europeo (como mínimo) y competitivo. De forma complementaria a la formación, se debe estructurar un modelo de acompañamiento y coaching en el que empresarios con experiencia ayuden a otros empresarios a consolidar y mejorar sus empresas.
  • Modificación de los indicadores internos: los indicadores usados para medir la actividad económica son insuficientes y cortoplacistas. Es necesario tener una visión más realista y actualizada de la situación del tejido empresarial español. Indicadores que permitan conocer la eficiencia de la empresa española, su nivel de actividad y su competitividad frente a las conacionales y las extranjeras.
  • Administración electrónica: un impulso real y valiente por una administración electrónica completa, mediante la cual se automaticen y simplifiquen todos los procesos administrativos de la empresa, que no aportan ningún valor y que tanto tiempo le roban al empresario.

 

Son tan sólo unos ejemplos, y probablemente en un debate serio al respecto surjan más propuestas válidas. Lo importante es que exista el debate, que cale en los estamentos adecuados la sensación de urgencia que se debe tener ante una situación crítica en el país. No hemos de olvidar que en España el 99% de las empresas son PYME, y que la actividad económica la sostienen sobre todo estas empresas. Si no cuidamos su salud, e invertimos para que maduren y sean más competitivas, estamos abocados a mantener un modelo económico enfermo y de dudoso futuro.”

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